Así es como nace la primera
Cooperativa
de consumo consciente de Galicia (que no el primer grupo de consumo),
con sede en la ciudad de Vigo. Los primeros pasos se dieron en el año
2000 consiguiendo un local, en el que todavía transita la cooperativa,
que sirvió para recepcionar los productos. Las diferencias entre estos
productos y los que se podían encontrar en otros comercios eran varias:
se producían de forma ecológica, respetaban los derechos de los animales
y se buscaban proyectos cercanos. A través de estos productos se
buscaba establecer relaciones entre las personas y los proyectos
productivos. Todas estas características siguen vigentes casi 13 años
después.
Cooperativa
como fórmula jurídica: ventajas e inconvenientes Si hay algo que nos
diferencie de otros proyectos de consumo consciente es el hecho de estar
constituidas como cooperativa. La elección de esta fórmula jurídica no
es algo ajeno al funcionamiento cotidiano sino que afecta a diferentes
niveles, estructurales y organizativos.
Estar constituidas como
cooperativa
nos permite relacionarnos con otras entidades de igual fórmula jurídica
en todo el territorio gallego. Específicamente participamos activamente
de la Federación de Cooperativas Sinerxia, que tiene como objetivo
principal difundir el cooperativismo como fórmula de trabajo
colaborativo. Esta estructura formal también nos permite servir de punto
de apoyo a otros colectivos “informales” que se pueden beneficiar del
trabajo de
Árbore.
El ejemplo más habitual es la facilitación de pedidos para grupos
pequeños, a los que les cuesta más alcanzar determinados pedidos mínimos
a proveedores (con el fin de reducir costes de transporte normalmente).
Por otro lado organizarnos en base a un estilo más formal, ayuda a dar
consistencia a lo que consideramos uno de los puntos fuertes de
Árbore, la heterogeneidad de sus socias. Las personas que participamos de la
cooperativa
venimos de experiencias políticas y vitales diferentes y aunque todas
las socias asumamos los principios generales, esto no quiere decir que
estemos de acuerdo en todos los planteamientos ni que participemos de la
misma forma. Tener una estructura formal permite que tanto personas muy
politizadas como sin participación política alguna sientan que pueden
formar parte del proyecto a diferentes niveles.
Pero este último punto supone a la vez una dificultad participativa. La
Ley de Cooperativas exige la creación de una estructura rígida y quizás
excesivamente jerárquica que no permite tanta permeabilidad en la
participación, como puede pasar en pequeños grupos de consumo.
Intentamos salirnos de esta fórmula más clásica (consejo rector,
trabajadoras, asamblea…) a través de la creación de comisiones de
trabajo que permiten implicarse en temas que manejan objetivos concretos
y consiguen resultados tangibles.
Por último es importante tener en cuenta que proyectos como la
certificación participativa requieren de un mayor esfuerzo al estar
sujetas a una figura jurídica que si lo hiciéramos desde una plataforma
informal. Estar “dentro del sistema” supone estar limitadas en las
relaciones con productoras en ecológico pero sin sello.
Participación Aunque comenzó siendo un proyecto en el que se colaboraba
entre todas las personas socias, pronto se vio necesario que algunas de
ellas dedicaran parte importante de su tiempo a hacerlo funcionar.
Realizar pedidos, recibirlos, estudiar nuevos productos y atender la
tienda es un trabajo que requiere de tiempo y conocimientos. Es por todo
esto que en estos momentos hay tres personas trabajando en y para la
cooperativa, acompañadas en todo momento por el resto de socias que
participamos en las decisiones y en el trabajo político-social.
Cada vez más gente pensamos que el control de nuestra
soberanía
sólo es posible en el ámbito local y en grupos autogestionados, que
posibilitan la participación directa y horizontal. Un poco más un poco
menos, aquí todas nos sentimos activistas anticonsumo con una necesidad
de reacción y de contestación al sistema, por eso la participación es
uno de los ejes fundamentales en el funcionamiento de la cooperativa.
En
Árbore
la participación comienza en la “Asamblea Xeral”, máximo órgano de
decisión. Se realizan dos reuniones al año, y si el tiempo lo permite se
llevan a cabo al aire libre, junto a un molino de río rodeado de
árboles (las discusiones son más llevaderas cuando se respira aire
fresco), y con comida comunitaria dando a la asamblea un cariz lúdico
festivo. Es la asamblea la que decide y aprueba las líneas de actuación
de la cooperativa, y también la que elige a las personas que formarán
parte del “Consello reitor”, encargado del seguimiento y la gestión de
la cooperativa. En sus más de diez años de vida, Árbore ha ido
reciclando su Consello reitor, reinjertándose para dar nuevos frutos.
La complejidad del “enramado” ha derivado en la creación de las diversas
comisiones (seis en total, algunas permanentes y otras temporales), que
se encargan de temas concretos. Todas ellas están abiertas a propuestas
de las personas socias según motivaciones y capacidad participativa.
Afortunadamente, y gracias a su experiencia e implicación, las
trabajadoras de
Árbore
colaboran en la gestión de la cooperativa participando en el Consello
Reitor, coordinando las diferentes comisiones y la información que llega
diariamente a la cooperativa.
De todo ello resulta un modelo de gestión transparente y horizontal,
fomentando los principios de cooperación y apoyo mutuo tanto hacia
dentro como hacia afuera. Se trata de crear o recuperar espacios de
autonomía capaces de crecer o replicarse, y de interactuar en redes cada
vez más complejas. De hecho, Árbore participa en numerosos eventos
locales como ferias de productos ecológicos, charlas y talleres y
diversas convocatorias del mercado y la economía social, publicitándolas
y asistiendo a título individual de las socias o representando a la
cooperativa. La tienda
La actividad diaria de la cooperativa se desarrolla en torno a la tienda
de la cooperativa. Desde siempre se han intentado ofrecer productos
frescos y locales de procedencia ecológica, graneles y muchos productos
envasados que intentan cubrir, dentro de nuestras limitaciones, tanto la
alimentación como la higiene personal y limpieza, en base a los
criterios de compra que manejamos.
Estos criterios intentan incluir cuestiones de salud y dignidad para las
personas y los animales y por supuesto para el medio que nos acoge, y
se despliegan en la valoración de criterios sociales, ambientales y de
calidad de los productos que se venden. No estamos sin embargo libres de
conflictos éticos, prácticos y comerciales, y por tanto de una
periódica revisión de los distintos criterios que se pueden aplicar,
intentando siempre mejorar estos aspectos.
La información que se ofrece en la tienda, incluye una pequeña
biblioteca y diversas publicaciones sobre Consumo Responsable, Comercio
Justo y Agroecología, y también varias publicaciones editadas en
colaboración con otras cooperativas y grupos de consumo que abordan
temas de comercio justo, cooperativismo… . Además, las trabajadoras de
la cooperativa intentan transmitir la información que poseen por el
papel que desempeñan y su experiencia
La cooperativa aplica descuentos para las socias sobre todos los
productos ofertados desde el inicio de la misma, si bien en los últimos
años se está comenzando un trabajo de discriminación de margenes y
descuentos para las distintas categorías de productos y para alguno de
ellos en particular. La intención es clara y está en la práctica
habitual de otras cooperativas y grupos de consumo, favorecer
intencionadamente el consumo de productos que reunen:
- Ventajas desde el punto de vista del consumo responsable y la
soberanía
alimentaria. Así podríamos destacar la cercanía, la biodiversidad de
cultivos, criterios sociales, condiciones de envasado y transporte, etc.
- Valor nutricional. Se aumentan los descuentos de productos frescos,
cereales, legumbres a granel y otros productos que se consideran
importantes en la alimentación de las personas. Esta idea salió de la
discusión de cómo facilitar el consumo de productos ecológicos a
personas con menos recursos económicos y esta era la alternativa que nos
exigía menos fiscalización y que creemos más operativa.
- Apoyo a proyectos de producción cercanos, reduciendo los margenes con
los que la cooperativa trabaja y nuestro peso como intermediarias. Redes
En la última década se iniciaron proyectos similares en diferentes
lugares de Galicia, uniéndose a ellos en los últimos años un gran número
de gruposIMG_1000 de consumo. Aunque exista disparidad en la fórmula
jurídica entre los distintos proyectos y por tanto el funcionamiento y
la organización sean diferentes, las bases fundamentales son las mismas
para todas: construir modelos de relación a través del consumo. Por eso
también nos relacionamos entre los diferentes proyectos, a veces de
forma particular, como entre el grupo de consumo de Moaña y Árbore, y
otras veces de forma amplia, como en la Rede de Galega de Consumo
Consciente1.
Pero entendemos que no solo de consumo vivimos las personas y que en el
proceso de ir construyendo espacios de respeto y buen hacer alejados del
funcionamiento capitalista, debemos tejer red con otras iniciativas.
Concretamente desde Árbore tenemos especial relación con proyectos de la
economía social, quizás debido al hecho de ser una cooperativa, con lo
que esta figura implica. Somos socias fundadoras de la sección
territorial de Coop57, participamos en el grupo local de Fiare y somos
socias de O Peto, entidad dedicada a la financiación de proyectos
sociales. Creemos que la economía social no solo son diferentes formas
de comprar y de vender sino que también importa donde colocas el dinero
que se mueve en el proceso. En la Asamblea de la cooperativa de
Diciembre de 2012, se aprobaron una serie de líneas de colaboración
(Convenios) que pretenden establecerse con otros colectivos, lazos que
faciliten el conocimiento mutuo, y cuando sea posible, la colaboración.
Ya viene de atrás nuestra relación con proyectos como Asociación
Caleidoskopio, Raíña Verde, Mundos, Ecoenvío y Nornas, entre otros.
Además de esto, intentamos conocer los nuevos proyectos que se plantean
dentro de lo agroecológico y en la medida de lo posible ofrecerles
nuestra colaboración desde nuestra experiencia.
Por otra parte, toda la información que se mueve en Árbore a través de
ordenadores pasa por herramientas de software libre, un modelo que
consideramos imprescindible si lo que buscamos son formas de trabajo
colaborativo y que a la vez escapa de las manos de las multinacionales,
estructuras capitalistas de las que huimos. En este caso trabajamos mano
a mano desde hace años con el colectivo Promathea dedicado a la
implantación de software libre y que ahora mismo está desarrollando un
programa de gestión ERP.
El enfoque urbano de la
soberanía
alimentaria Volver la mirada hacia lo rural se hace más que
aconsejable, y no precisamente para hacer turismo. De forma gradual
estamos viendo atisbos de recuperación del ambiente rural:
rehabilitación de pueblos abandonados,
ecoaldeas…
a pesar de las escasas facilidades que desde la administración se
proporcionan. No es casual que un número importante de socias de la
cooperativa cultivemos un huerto periurbano.
Árbore trabaja para ser ese punto de retorno y conexión hacia y con el rural y abrir una puerta a la
soberanía
alimentaria en la ciudad. Somos conscientes de que vivimos en un medio
que produce escasos bienes materiales sostenibles y que consume la mayor
parte de los recursos vitales (agua, alimentos, energía), generando
gran cantidad de residuos. Gracias a la cooperativa todas hemos ido
aprendiendo y evolucionando (y seguimos haciéndolo) hacia un modelo de
consumo más responsable.
No se trata solo de comprar cosas “verdes”, en la simplificación que las
certificaciones provocan a veces en el mercado, sino de analizar cada
producto que consumimos y calcular aunque sea mínimamente su impacto, su
“huella”. Por ello damos cada vez más valor a lo que se produce en
cercanía, comerciando con precios equitativos para las personas
productoras, consumidoras y trabajadoras de la cooperativa, y aplicando
criterios éticos a los márgenes de ganancia en los diferentes productos
que se encuentran en la tienda.
En general no es fácil para mucha gente, acostumbrada a las políticas de
bajos precios de las grandes superficies, aceptar precios más “justos”,
pero lo cierto es que el número de socias sigue aumentando, lo que
demuestra que la gente es cada vez más sensible a estas cuestiones.
El dilema de la certificación ecológica La principal actividad que
Árbore viene realizando desde el año 2001 es la venta de productos
ecológicos, pero como hemos contado, no del mismo modo que lo están
haciendo otros canales de venta como las grandes superficies o los
supermercados ecológicos de reciente aparición. La fuerza con la que
dichos canales están entrando en el sector, nos pone en la disyuntiva de
tener que competir con ellos o replantearnos aún más la esencia de lo
que son en realidad los productos ecológicos.
A nuestro parecer, la normativa europea por la que se rige la
producción, distribución y venta de productos ecológicos se ha redactado
de un modo bastante miope, favoreciendo a las grandes empresas del
sector alimentario y castigando, incluso excluyendo, a los pequeños
productores, que no pueden o no quieren asumir los costes de
certificación, y que sin embargo son los principales actores en términos
de soberanía alimentaria. No es que neguemos el valor que tiene el
sello oficial en cuanto a protección y ampliación del espacio comercial
de los productos ecológicos, pero deberíamos preguntamos si una
zanahoria cultivada en régimen de explotación de monocultivo y que viaja
más de mil kilómetros hasta nuestro plato es realmente un producto
ecológico y puede ser certificado como tal.
Recientemente hemos puesto en marcha una comisión de garantía, con la
idea de estudiar a fondo estas cuestiones. La oferta de productos
frescos locales está creciendo progresivamente tanto en número de
productoras como en variedad de productos, en muchos casos no
certificados pero siguiendo patrones de cultivo agroecológicos.
Una de las mayores aspiraciones de la comisión de garantía es poner en
marcha un sistema participativo de garantía (SPG) que permita asociar
directamente a productoras y consumidoras con el fin de poder
certificarse a sí mismas sin necesidad de terceras partes, y siguiendo
criterios basados en la confianza mutua. Estamos viendo que en diversos
países de Latinoamérica y también en Andalucía y Levante, los SPG están
siendo muy efectivos como defensa y control de la soberanía alimentaria a
nivel local, además de favorecer procesos de transición agroecológicos,
alimentarios y sociolaborales, es un proyecto que necesitará de tiempo y
dedicación pero que se ha iniciado. La utopía, como dice Galeano, sirve
para seguir caminando.
1 A Rede Galega de Consumo Responsable está formada por distintas
Cooperativas y Grupos de Consumo, no tiene página web propia pero se
pueden conocer a algunos de los integrantes en nuestra web
www.arbore.org/enlaces/na/galizaNOTA:
Este texto está redactado íntegramente en femenino con el objetivo de
incluír a todas l(as) person(as) que conformamos el proyecto, tanto
hombres como mujeres. Utilizando el femenino no solo nos referimos a
l(as) person(as), sino que ponemos énfasis en la presencia de las
mujeres, que en un mundo sometido al funcionamiento patriarcal se
encuentran invisibilizadas en los proyectos y en el lenguaje.
Ecoportal.net
Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas
http://www.soberaniaalimentaria.info/